
Cuando se enseña Piano el profesor tiene ante sí una disyuntiva: enseñar directamente al alumno cómo superar esta u otra dificultad, o intentar que sea el propio alumno el que consiga dar con la manera de superarla. La primera opción es la más habitual, creo que por cómoda tanto para el profesor como para el alumno. Como profesor simplemente hay que decir… “esto estudialo así y así”. Y como alumno simplemente hay que obedecer. La segunda opción es más elaborada ya que exige del alumno un trabajo intelectual. Tambien exige del profesor el poner los medios, allanar el camino, para que el alumno llegue a la solución que el profesor tiene en su cabeza, en teoría la mejor solución. Pero… ¡algunas veces la vida da sorpresas! y el alumno, mediante su creatividad, puede llegar a una solución todavía mejor que la del profesor. Si se escoge la primera opción esta sorpresa muy raramente podrá ocurrir, así que ya por eso y por lo pronto, es mejor la segunda.
Porque además la técnica pianística, y la de los instrumentos de tecla en general,no surgió de la nada. Fue creada durante siglos hasta llegar al hoy. Son tantos y tantos años de desarrollo que mejorarla es sumamente difícil. Como la fabricación de un violin: su técnica de fabricación es tan antigua y por eso perfeccionada, que caben al respecto pocas innovaciones. La técnica pianística es un invento, no cayó del cielo. Los músicos tenían que pensar qué forma era la mejor para abordar un pasaje; qué dedos utilizar, como utilizar la mano, la muñeca, los hombros…
La mejor forma de aprender no es asimilar la técnica sin cuestionar nada. Es mejor sentirse como el creador del primer instrumento de tecla de la historia y hacerlo sonar sin que nadie te pueda decir el cómo. Es así, cavilando y pensando que opciones y posibilidades hay, como realmente se entiende a fondo la técnica pianística. Y quizás incluso se pueda dar con una nueva y más eficaz forma de solventar algunas dificultades. Lo que parece inmejorable, algunas veces no lo es: esto lo saben bien los virtuosos de todos los instrumentos, que lo son entre otras razones porque a veces innovan.
Procuro dar las clases intentando que la creatividad del alumno encuentre la mejor manera de tocar. Porque además todos los alumnos son únicos mental y físicamente. Cada mano y mente son diferentes, y algunas veces lo que le vale a uno no acaba de ser lo mejor para otro. La mejor manera de aprender la técnica pianística no es que te la enseñen, es que la descubras.