
Cuando se empieza a aprender Piano es primario, evidentemente, identificar cada tecla del piano con su nota correspondiente. Esto es más fácil de lo que parece debido a que, aunque un piano convencional tiene 88 teclas, en nuestro sistema occidental solo existen 12 notas. Esas 12 notas forman un patrón de teclas que del grave al agudo, es decir de izquierda a derecha conforme nos sentamos frente al piano, se va repitiendo. Muchas personas cuando se interesan por aprender Piano le tienen al instrumento cierto “respeto” porque consideran que tiene innumerables teclas y que por tanto identificarlas es algo complicadísimo. Luego se sorprenden de que en realidad es como si los Pianos tuvieran solo 12 teclas pero que conforman un patrón que se repite.
Hasta aquí todo relativamente fácil. Pero una vez que están identificadas las teclas con su nota respectiva cabe plantearse una cuestión cuya respuesta algunas veces se da por sentada para el principiante. Normalmente el alumno comienza a tocar sus piezas primero teniendo en cuenta que cada nota del pentagrama se corresponda con la tecla exacta, y secundariamente y por intuición, pondrá las manos en el teclado de cualquier manera. Perfecto… ¿perfecto?
La verdad es que a priori una tecla se podría tocar por varios sitios. El alumno seguramente empezará a tocar las teclas blancas por su parte más ancha y las teclas negras por el extremo más cercano a esa misma parte ancha de las blancas. Pero… ¿es que es por ahí por donde se tocan? Más en general… ¿por dónde se pueden tocar las teclas, sean blancas o negras? Cuando esto se le plantea el alumno por lo general no sabe qué contestar.
La realidad del Piano es que tocarlo es un ejercicio de libertad, o debe serlo para que sea lo más placentero y cómodo posible. Y a la pregunta sobre por dónde se pueden tocar las teclas la respuesta es, en principio, por cualquier sitio. O lo que es lo mismo, a lo largo de toda la extensión de la tecla cualquier lugar vale. Porque por lo general lo importante es el sonido y secundariamente el cómo se consiga. Todo esto puede parecer de Perogrullo, pero por mi experiencia no lo es. Porque de forma implícita el alumno comienza a tocar creyendo que la norma es tocar las teclas blancas por la parte ancha y las teclas negras por el extremo más cercano a dicha parte. Cuando se le plantea que realmente tiene libertad para poder tocar las teclas por donde quiera, otras cuestiones a tener en cuenta aparecen súbitamente sobre la mesa. Estas cuestiones entonces sí pueden ser debatidas abriendo la puerta a poder tener una técnica pianística mucho más sutil, que es lo mismo que tener realmente una buena técnica.
Es en ese momento cuando se le puede plantear al alumno que, según las circunstancias del pasaje que se ejecuta, se pueden tocar las teclas aquí o allá valorando dónde resulta más cómodo y práctico. De esta manera se despliega un abanico de posibilidades que puede ser de mucho interés ya que tocar por un lugar u otro no es ni mucho menos indiferente y puede marcar la diferencia entre que una pieza nos resulte fácil o difícil.