
Lo primero sería definir qué es digitar: asignar el dedo que utilizaremos al pulsar una tecla. Pues cualquier tecla puede ser pulsada por cualquier dedo. Cuando se comienza a preparar una pieza hay que dedicarle un tiempo a esta tarea, y aunque el no iniciado pudiera pensar que es laborioso, no lo es tanto. Realmente no hay que ir nota por nota viendo con qué dedo las pulsaremos. Pero si hay momentos cruciales en los que tenemos que decidir si esta tecla en concreto la pulsamos con este u otro dedo. La mayoría de la música impresa viene escrita ya con algunas sugerencias a este respecto: para esta nota se sugiere que se utilice el índice, para esta otra el pulgar, etc. Son recomendaciones hechas por algún experto.
Pues bien, cuando se empieza a aprender una partitura, y gracias a que normalmente la digitación viene ya dada, el estudiante suele asumirla sin más. Se supone confeccionada por un buen pianista, pero en más de un caso, eso es un mero suponer. Pero el problema importante viene cuando a lo que es realmente algo solo sugerido se le da explícitamente o implícitamente el rango de obligatorio: esto es algo bastante usual para los principiantes. O lo que es lo mismo: el alumno toma la digitación de la partitura como la mejor opción porque da por hecho que el que la ha realizado es mejor pianista que él. Pero, aun siendo así la mayoría de las veces, la digitación escrita es realmente aquella que le viene mejor al pianista que la propuso, y no tiene por qué ser la mejor para un alumno en concreto, que tiene otro cerebro y otras manos.
Vale, pero quizás te preguntes… ¿Y cuál es en verdad el problema de utilizar una digitación u otra? Pues que los dedos que utilicemos al tocar son el puente de unión entre nuestra mente y el teclado. Si ese puente está bien escogido tocar un pasaje puede resultarnos fácil y cómodo. Y viceversa. Con una buena digitación un pasaje igual lo tocamos bien a la primera, y el mismo pasaje, pero con una mala digitación, no hay forma de que salga correctamente. La buena digitación es una de las bases de tocar bien pues con ella se toca lo más cómodo posible. No se puede tocar bien el Piano si uno no toca cómodo. Igual que no se puede correr bien una carrera con un calzado inapropiado.
Es por todo ello que el pianista debe saber digitar muy bien para poder tocar muy bien. Y a digitar se aprende digitando. Por eso hago hincapié desde el principio del aprendizaje en que el alumno vaya viendo qué dedos utilizar mejor y en que situaciones. Obviamente se puede y debe tener en cuenta la digitación que se sugiere en la partitura, pero siempre pensando en mejorarla si no acaba de sentirse cómodo con ella, o si piensa que puede encontrar otra digitación que le vaya mejor todavía. En algunas ocasiones nos sorprenderemos con que una digitación que considerábamos muy buena, era todavía mejorable. Mi labor en este aspecto es orientar al alumno en buscar su mejor alternativa.